Colmillo Ígneo - Capítulo 6: Supervivencia

Story by Rukj on SoFurry

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¡Buenas a todos!

Sé que ha pasado un largo tiempo desde mi última actualización, y que antes de eso también me tomé mi tiempo para actualizar la historia. Lo siento mucho y, realmente, no tengo ninguna excusa para ello. Intentaré ser más constante de ahora en adelante, aunque como está visto que siempre acabo incumpliendo mi palabra, prefiero no prometer nada.

Respecto a la historia... soy consciente de que estos últimos capítulos han estado bastante más centrados en el diálogo y en la introducción de nuevos personajes que en la acción propiamente dicha. En ese sentido, espero que este capítulo compense a aquellos que preferís más acción =P

Dicho esto, espero que os guste y, ¡gracias por leer!


Contra cualquier pronóstico, el viaje de Ike transcurrió sin problemas durante las primeras semanas. Avanzaban durante el día, evitando las zonas más pobladas de los Pantanos de Fuego con tal de no ser vistos, y acampaban al crepúsculo. A pesar de llevar con ellos un par de tiendas de lona, todos estuvieron de acuerdo en no malgastar su tiempo en montarlas y desmontarlas, al menos hasta que no se aproximaran a Tundranorte y el frío intenso les obligara a utilizarlas para no morir congelados.

Ike durmió con un ojo abierto durante las primeras noches que pasaron al raso, pero al cabo de un tiempo comprendió que nadie del grupo parecía querer matarle, al menos de momento, y que podía relajarse. Aun así, tampoco quería que le pillaran con la guardia baja; después de todo, aún no conocía demasiado bien a sus acompañantes y no sabía a ciencia cierta qué podía esperar de ellos.

Sí que averiguó sus nombres, sin embargo. La pantera se llamaba Rohm y el leopardo, Atha. Solían viajar algo adelantados, hablando entre ellos y echando un vistazo hacia atrás de vez en cuando, como asegurándose de si el resto del grupo los seguía. Ike había deducido que ambos se conocían de antes y que no querían relacionarse con él, su hermana o Kodu, pero no podía sentirse inquieto ante la costumbre que tenían ambos de ir por libre.

<<Al menos, no cuchichean>> se dijo a sí mismo el león, tratando de ser optimista <<No hay nada más sospechoso que los cuchicheos>>.

Él tampoco hablaba demasiado con Kodu, a decir verdad. Durante los primeros días, el gato le había puesto al corriente sobre lo que había sucedido durante el año que él había pasado fuera.

Al parecer, su padre había realizado una última incursión en las tierras de los Aullanube, participando incluso en la escaramuza que había tenido lugar. Ike sabía que a aquellas alturas su padre sólo participaba en batallas como aquella para mantener su reputación y reafirmar su poder en el trono, si bien era cierto que de joven le había atraído el campo de batalla. El león no podía evitar recordar, apenado, cómo su padre había tratado de hacer que se interesara en las armas de joven. <<No importa>> había dicho finalmente, cuando había comprendido que el príncipe jamás aprendería a manejar un hacha <<El poder se demuestra de muchas formas. Esperemos por tu bien que al menos aprendas alguna>>. Aquella había sido la primera vez que el joven león había decepcionado a su padre.

Kodu le contó que muchos rumoreaban que Alekai había resultado herido en aquella incursión y que, probablemente, se tratara de la última vez que pisara un campo de batalla. Ike sabía lo testarudo que era su padre, por lo que no estaba tan seguro.

Cuando no estaba hablando con Kodu, o tratando de ignorar el interminable monólogo de su hermana, Ike pensaba en Zèon. Lo imaginaba tumbado sobre la cama, volviéndose más y más débil cada día, mientras Shiba trataba a duras penas de protegerle en aquel torreón. En aquellos momentos, su corazón se encogía y tenía que reprimir las ganas de dar media vuelta y correr en dirección contraria para volver al castillo.

Pero lo peor eran las noches en las que buscaba el calor del zorro ártico y no lo encontraba. Entonces, se preguntaba si continuar con aquel viaje merecería la pena, y si realmente estaba haciendo lo correcto.

No tardaron en abandonar los Pantanos de Fuego y atravesar Llano Plomizo. Al cabo de seis semanas, ya habían dejado el amplio páramo a sus espaldas y se encaminaban hacia el Estrecho de Tarkea.

Incluso Ike pudo percibir el cambio de actitud en Atha y Rohm. Hasta aquel momento, ambos habían avanzado relajadamente y sin preocupaciones, sonriendo y conversando habitualmente. Sin embargo, una vez cruzaron la tosca barrera que separaba Llano Plomizo del Estrecho, la sonrisa desapareció de sus rostros y un pesado silencio cayó sobre el grupo. Incluso Kathreen enmudeció, como si comprendiera que no debía hacer ruido alguno, por algún motivo.

Ike podía notar la tensión, también. Tarkea había sido un territorio conflictivo en el pasado, aunque por lo que sabía, su padre había logrado colocarlo bajo el yugo fehlar en la primera fase de la invasión. A veces se registraban incidentes, desde luego, pero no era uno de los territorios más conflictivos, al menos que él supiera. No podía evitar preguntarse a cada paso que daban qué era lo que ponía tan nerviosos a sus guías.

No tardó en averiguarlo.

Sucedió mientras atravesaban un pequeño bosquecillo de árboles secos y retorcidos. Aún no habían avanzado lo suficiente como para que comenzara a hacer frío, pero la vegetación de aquel pequeño bosque mostraba ya una tonalidad pardusca, desvaída, y aunque la mayor parte de los árboles y arbustos conservaban sus hojas, una fina capa de hojarasca cubría el suelo, amortiguando los pasos del grupo.

Fue Atha el que, sin previo aviso, alzó una zarpa ordenando al grupo que se detuviera. Rohm pareció comprender y dirigió una mirada de advertencia al resto del grupo, aunque no fue necesario; Kodu y Kathreen ya se habían detenido y Ike, que desde hacía un rato no podía evitar sentirse algo nervioso, había hecho otro tanto. La pantera esbozó una sonrisa satisfecha y se giró de nuevo hacia el leopardo, inclinando la cabeza. Era obvio que ambos habían percibido algo que el resto del grupo no.

Atha se separó de ellos sigilosamente y, antes de que Ike pudiera preguntarse qué estaba sucediendo, desapareció entre la espesura. El resto del grupo esperó allí, ocultos entre los árboles, durante lo que parecieron horas. Finalmente, la sombra del leopardo apareció de nuevo por entre los arbustos. Fuera lo que fuese aquello que había encontrado, parecía estar algo más relajado que cuando se había separado del grupo.

-Venid –dijo, con una extraña sonrisa.

Todos le siguieron hasta un alto terraplén bordeado por una hilera de arbustos. Al llegar al borde, el leopardo se agachó e hizo un gesto a los demás para que siguieran su ejemplo. Sin poder reprimir la curiosidad y mientras se escondía tras los arbustos, Ike se preguntó a sí mismo por qué debían guardar tantas precauciones.

La respuesta se encontraba no muy lejos de allí, y el león tuvo que reprimir una exclamación de asombro al comprender por fin qué era lo que Atha había visto. Más allá del terraplén, a unos cuantos centenares de metros de distancia, había un pequeño espacio abierto en el bosque. De haberse encontrado en un punto menos elevado no habrían podido verlo, puesto que la vegetación alrededor de aquel punto era densa y enmarañada, pero desde aquella posición, no era difícil distinguir la inconfundible silueta de una tienda de lona en medio del bosque.

Y había más, comprendió Ike. Decenas de tiendas, agrupadas en aquel escondite y ocultas de las miradas indiscretas.

-Es un campamento de refugiados kane –musitó el león, con la boca seca.

Atha asintió, todavía sonriendo de aquella manera tan extraña.

-Suelen utilizar los bosques para esconderse, aunque normalmente suelen ser más cautos. Ése no es un buen sitio en el que quedarse, especialmente sabiendo lo fácil que es verles desde aquí.

-Puede que no hayan encontrado este terraplén –opinó Rohm.

-O puede que se estén volviendo demasiado confiados. En cualquier caso, no creo que duren demasiado. Calculo que no tardarán más de un par de meses en descubrirlos, y si no es así… bueno, tendremos que dar el parte al regresar.

Ike tardó unos segundos en asimilar aquellas palabras.

-Eh, eh, espera. ¿Cómo que “dar el parte"?

Rohm se giró hacia él, sorprendido.

-¿No lo sabes? Cualquiera que encuentre un campamento de refugiados kane debe informar inmediatamente al ejército de tu padre de su posición. No hacerlo se considerará traición a la corona.

El león le dirigió una mirada horrorizada.

-Es cierto –intervino Kodu, antes de que Ike pudiera decir nada -. Desde que la última fase de la invasión terminó a finales del año pasado, tu padre decidió concentrar los esfuerzos del ejército en desbaratar cualquier intento de revolución que pudiera formarse entre los kane. –El gato hizo una pausa -. En ese sentido, los campamentos de refugiados son el lugar perfecto para que los rebeldes se reúnan, por lo que tu padre los puso en su punto de mira inmediatamente.

Ike no dijo nada. En lugar de eso, continuó mirando con el corazón encogido a la lona que se divisaba entre los árboles. Sabía que, no demasiado lejos, había kane que trataban de llevar una vida normal, apartados del régimen tiránico al que su padre había sometido a todos los de su raza. Aquellos kane, muy probablemente, no fueran conscientes de que estaban siendo observados, ni de que seguramente, pronto una columna del ejército de su padre se dirigiría para destruir el único lugar en el que habían conseguido mantenerse libres hasta el momento…

-Esto es la guerra, príncipe Alekai –dijo Atha, adivinando lo que pensaba.

-¿Guerra? No, esto es una masacre –replicó Ike, conteniendo las ganas de soltar una carcajada.

-No has visto lo que son capaces de hacer –insistió el leopardo -. No están tan indefensos como pueda pareceros.

-Ya lo veo, ya –respondió el león, con una amarga sonrisa -. Desde aquí puedo ver las catapultas, las torres de asedio y sus ejércitos formando fila. ¿Tú no?

Atha le dirigió una mirada de reojo y esbozó una sonrisa desdeñosa.

-Lamento deciros que os equivocáis, Alteza.

-Bueno, bueno –intervino Kathreen entonces, con un suspiro de exasperación -. Observar el techo de una tienda de lona y teorizar sobre ello es divertido, aunque no está entre mis pasatiempos favoritos. Además, creía que teníamos un viaje importante entre zarpas. ¿Podemos seguir adelante, por favor?

-Por supuesto –murmuró Rohm, que al parecer también se había cansado de la discusión, mientras se levantaba -. Tendremos que rodear el campamento a una distancia prudencial si no queremos que nos vean. En cualquier caso, no debería llevarnos mucho más de…

Se interrumpió en mitad de la frase, con la mirada perdida por encima del hombro de la leona. Ike no comprendió lo que estaba sucediendo ni siquiera cuando la pantera se llevó una zarpa al cinto, en tensión.

Kathreen reaccionó mucho más rápido. Antes incluso de que Atha se hubiera puesto en pie, la leona se giró tan rápidamente que las largas mangas negras de su traje rozaron el hocico de Ike, y extendió una zarpa hacia un punto determinado a sus espaldas. Un cuchillo apareció de la nada, cortando el aire, y el león lo siguió con la mirada hasta que contempló, asombrado, cómo se clavaba en la garganta de un sorprendido kane. El pastor alemán se llevó las manos al cuello, emitiendo sonidos guturales mientras se derrumbaba, tiñendo el suelo de sangre a su alrededor.

Ike apenas había procesado lo que acababa de ocurrir cuando Rohm, aún con la zarpa en el cinto, murmuró:

-Hay al menos uno más oculto en la espesura.

Kathreen dejó escapar un bufido de contrariedad, mientras Atha desenganchaba una enorme hacha de su espalda y la balanceaba, impaciente. Kodu extrajo su propia espada de la funda que llevaba al cinto e hizo un gesto a Ike para que retrocediera unos pasos. El león, aún demasiado confundido, obedeció sin rechistar.

Los siguientes segundos transcurrieron lentamente, mientras el pequeño grupo mantenía la mirada fija en los arbustos enfrente de ellos, esperando al menor movimiento para comenzar su ataque. Ike tragó saliva, comprendiendo de repente que nunca se había enfrentado a una situación como aquella. Si bien había experimentado momentos tensos en la Caja, había sido consciente en todo momento de que su vida no corría peligro alguno. Por primera vez en mucho tiempo, una oleada de verdadero miedo recorrió su espina dorsal y le hizo estremecerse.

Un pequeño movimiento en las hojas a la derecha llamó la atención de Kathreen, que hizo otro rápido gesto con una de sus mangas en su dirección. Otro cuchillo voló rápidamente hacia el arbusto y un sonido sordo se alzó en medio del silencio, indicando que había dado en la diana. Sin embargo, la leona no tuvo mucho tiempo para alegrarse por su triunfo, puesto que un grito de guerra sacudió el bosque y dos kane surgieron del espeso follaje. Ambos enarbolaban dos espadas cortas y corrían hacia ellos con claras intenciones amenazantes. Uno de ellos llevaba clavado en el costado el cuchillo de Kathreen.

<<Pero si son sólo dos…>> fue el pensamiento fugaz que atravesó la mente de Ike, antes de que Atha y Rohm se separaran de su lado y avanzaran rápidamente un par de pasos, para salir al encuentro de los kane. El sonido de los aceros al chocar resonó con fuerza mientras se enzarzaban en una violenta batalla.

Ike apenas tuvo tiempo para seguir la contienda, pero, aunque no sabía nada de batallas, comprendió casi al instante que su grupo tenía la ventaja. Los kane no iban bien equipados para la batalla, y sus armas eran mucho más cortas y de peor calidad que las que llevaban Atha y Rohm. El leopardo, con su enorme hacha, apenas tenía problemas en mantener al kane controlado, y aunque el tamaño de su arma implicaba que se movía con mayor lentitud, su enemigo apenas veía oportunidades para atacar. Al mismo tiempo, Rohm usaba su propia espada larga para atacar al otro kane, que parecía más experimentado en la batalla. Incluso a pesar de que se suponía que éste estaba en desventaja, daba un buen desafío a la pantera, esquivando sus estocadas y contraatacando con movimientos rápidos, a una velocidad de vértigo.

Mientras tanto, Kodu y Kathreen observaban en tensión al lado de Ike. El león se preguntó si estarían siguiendo la batalla de la misma forma que él, y a juzgar por la sonrisa satisfecha en el hocico de su hermana, dedujo que ella también debía haber adivinado que llevaban las de ganar.

Apenas unos segundos más tarde, el hacha de Atha encontró un punto ciego en la defensa de su oponente, que dejó escapar un grito de dolor mientras el arma se hundía violentamente en su tronco. Viendo cómo su compañero caía al suelo sin vida, el otro kane dejó escapar un grito de frustración e intercaló una serie de mandobles tan rápidos que lograron romper la concentración de Rohm.

-¡Rohm! –exclamó Atha, que aún estaba tratando de desencajar su hacha del cuerpo roto del kane.

El otro le dirigió una mirada de reojo pidiendo ayuda, pero comprendió casi al instante que había cometido un error. Su oponente aprovechó aquella breve distracción para concentrar todas sus fuerzas en un potente golpe que chocó con fuerza contra la otra espada e hizo que la pantera retrocediera.

Kodu y Atha hicieron amago de avanzar para apoyar al fehlar, pero antes de que ninguno de ellos pudiera siquiera dar un paso, otro cuchillo silbó en el aire y fue a clavarse en uno de los hombros desprotegidos del kane que se enfrentaba a Rohm. Éste dejó escapar una exclamación de sorpresa, que se convirtió inmediatamente en un ruido gutural una vez la pantera recobró la concentración y hundió con fuerza su espada en el estómago de su oponente.

Ike contempló cómo el segundo kane caía al suelo, muerto, mientras Atha y Kodu dejaban escapar un suspiro de alivio casi al mismo tiempo. Rohm extrajo la espada del estómago del kane, un joven labrador, y frotó la hoja contra la hierba para limpiar la sangre.

-Creo que no hay más –confirmó, mientras volvía a introducir la espada en su cinto -. Debían de ser exploradores. Probablemente estuvieran comprobando que no hubiera nadie en los alrededores del campamento.

-Bueno, pues, ¡sorpresa, sorpresa! ¡Aquí estábamos nosotros! –sonrió la leona, mientras avanzaba dando pequeños saltitos hacia los cadáveres de los kane y extraía sus cuchillos de ellos. Se detuvo unos segundos a contemplar las hojas bañadas en sangre, antes de limpiarlos contra la hierba -. Debo decir que ha sido mucho más emocionante que practicar con las dianas de palacio.

-Tenéis muy buena puntería, princesa –la felicitó Atha, mientras volvía a colocarse el hacha en la espalda y se cruzaba de brazos -. Tres de tres. Eso es lo que yo llamo eficacia.

Kathreen rio nerviosamente, ruborizándose un poco.

-Oh, por favor, no seas así. Sólo he matado a uno de ellos, después de todo.

-Y en cuanto a ti –añadió el leopardo, girándose hacia Ike y dirigiéndole una mirada antipática -, ¿aún crees que no estamos en guerra, después de esto?

El león tardó unos segundos en encontrar una respuesta, incapaz de apartar la mirada de la sangre que bañaba el suelo.

-Bueno –murmuró, incómodo -. Él lo ha dicho, sólo eran exploradores –trató de decir, señalando a Rohm -. Sólo trataban de defender su campamento…

-¡Ja! –rio el leopardo -. Tienes suerte de no depender de ti mismo, o ahora mismo estarías más muerto que ellos.

-O peor aún, os habrían hecho prisionero –intervino Rohm, dirigiendo a Ike una mirada cargada de dureza -. Eres el heredero al trono. Dudo que los kane hubieran desaprovechado esa oportunidad.

-Oh, vamos, no seáis tan duros con mi hermanito –sonrió Kathreen, colocándose entre los guías y el león -. Estoy segura de que habría pensado en algo y habría logrado salvar el pellejo. Siempre lo hace.

-Quizá –replicó el leopardo, mientras se daba media vuelta y comenzaba a caminar, alejándose de los cuerpos que ya empezaban a enfriarse en el suelo -. Pero ahora mismo, estaría muerto. En estas situaciones, la fuerza es la única solución posible. Es supervivencia, al fin y al cabo.

Kathreen le dirigió una larga mirada, sin dejar de sonreír, pero no dijo nada. En lugar de eso, volvió a guardar los cuchillos en sus mangas y sacudió la cabeza, comenzando a caminar detrás del leopardo alegremente. Rohm aún dirigió una breve mirada a Ike, que parecía querer decirle “Será mejor que cambies de actitud si quieres permanecer vivo", antes de darse media vuelta y continuar su camino también.

Ike se quedó unos segundos al lado de los cadáveres, contemplando sus rostros sin vida, congestionados para siempre en una mueca de sorpresa y dolor. El olor de la sangre le mareaba, pero se forzó a sí mismo a dedicar un pensamiento a aquellos kane que, aun sabiendo que no tenían ninguna posibilidad contra los enemigos que había al borde de su campamento, se habían arriesgado a luchar y morir por salvar a los suyos. El león se angustió al imaginar el horror que sentirían los refugiados del campamento kane al encontrar sus cadáveres, al comprender que alguien que estaba peligrosamente cerca había sido el artífice de sus muertes.

<<Sé que me habrían matado de haber podido>> pensó, con un escalofrío <<Pero al fin y al cabo, sólo lo estaban haciendo por defender a los suyos. Puede que ellos hayan sido los primeros en atacar esta vez, pero nosotros éramos la amenaza>>.

Y, sin embargo, sabía que Atha tenía razón, y que de haber estado solo, no habría tenido la más mínima posibilidad de sobrevivir. ¿Debería haber luchado? Se frotó un ojo, confuso, mientras se preguntaba a sí mismo cuál habría sido la decisión correcta en aquel caso. Quizás no la hubiera.

-Ike, deberíamos avanzar –le recordó Kodu, que también miraba a los cadáveres con tristeza.

El león tardó unos instantes en reaccionar, pero finalmente asintió con pesar. Poco después, ya seguía los pasos del resto del grupo, dejando a sus espaldas los cuerpos sin vida de aquellos kane, que sin embargo llevaría en su mente aún durante un largo tiempo.