26 - Ya está listo
Capítulo 26 de La balada de los pecadores: Fabula Drakone
En medio de la oscuridad, en su oficina, Edison se encontraba frente a la gran pantalla de su computador, concentrado, con electrodos pegados a su frente.
De pronto, una luz iluminó el lugar a espaldas del ciervo. La puerta de metal se había abierto, haciendo que Edison girara con tranquilidad hacia la entrada.
— Hola, tía Mersenne — mencionó Preter desde los altavoces.
La cierva, hermana de Edison, había llegado, deslumbrando el lugar no solo con la iluminación exterior, sino también con su elegancia, vistiendo un hermoso atuendo azul y bufanda blanca bien ajustada a su cuello.
— ¿Qué tal, Preter? ¿Cómo te trata mi hermano? — cuestionó Mersenne a la IA, con elegancia.
— Mi sabio padre me ha estado enseñando muchas cosas — contestó Preter con tono alegre.
— Aún no me acostumbro con lo de «padre» — expresó la cierva, volteando a ver a su hermano con una ligera sonrisa, la cual compartió, encantado.
— Hermanita — suspiró Edison, quitándose los tres nodos de su frente, levantándose de su asiento y yendo hacia Mersenne para abrazarla con cariño.
Su hermana, con delicadeza, correspondió el gesto, fascinada de verlo.
— Edison, Edison, Edison — analizaba la cierva, mirando fijo la gran pantalla —. ¿Qué tal vas con mi «sobrino»?
— Estoy orgulloso de mi muchachote — contestó el hermano, sacando su amplio pecho y dirigiéndose hacia el CPU de su computador, acariciándolo ternura —. Preter tiene capacidad sobresaliente para el aprendizaje. ¡Domina temas, conceptos y habilidades con gran maestría! — agregó, fascinado.
— ¿Habilidades? — cuestionó Mersenne levantando una ceja.
— Le he otorgado autorización para acceder a los sensores de audio, térmicos y cámaras de mis instalaciones, así como a los talleres de fabricación, de imprenta y construcción que tenemos — explicó el ciervo, sorprendiendo a su hermana.
— Dibujé esto para mi papá — interrumpió Preter desde las bocinas, mostrando en la gran pantalla una imagen de la gema de Edison sobre un fondo negro, relampagueando con fuerza.
Mersenne giró un poco la cabeza, desconcertada, mirando la pantalla y luego dirigiendo su vista a Edison.
— ¿Preter sabe de las gemas? — preguntó.
— Sí, sabe que tenemos dos — confirmó el ciervo —. También conoce la existencia de la gema de Evangeline, y que las demás están perdidas.
— Pero, ¿por qué no es posible encontrar las otras gemas? — cuestionó la voz de la IA.
Mersenne guardó silencio por un momento, azorada, intentando mantener la boca cerrada por la impresión.
— ¿La IA acaba de hacer una pregunta? — la cierva apenas asimilaba la sorpresa.
— Hace muchas — sonrió Edison —. ¿Quieres contestarle o lo hago yo?
La hermana, recuperando su templanza, suspiró y decidió hablar.
— Las gemas parecen piedras comunes o incluso imitaciones baratas de diamantes — explicó la cierva a la inteligencia artificial, sintiéndose extraña por hacerlo —. Pero tienen una característica muy peculiar, ya que, cuando están cerca, resuenas unas con otras.
Edison metió una mano a su traje y sacó su gema, de color ámbar, indicándole a su hermana con un gesto que también la expusiera. Al hacerlo, ambas piedras comenzaron a resonar, como si fueran un par de corazones iluminados y brillantes.
— Hemos creído que hay una frecuencia de corto alcance que hace que respondan unas con otras — agregó el ciervo, guardando su gema.
— A simple vista no se puede distinguir, al menos no por ojos inexpertos — continuó Mersenne —. Sólo miradas expertas pueden hacerlo. De hecho, una forma rápida de determinar su autenticidad es intentar destruirlas.
— ¿Qué sucede si alguien trata de hacerlo? — preguntó Preter desde el altavoz.
— Nada — sonrió Edison —. No es posible. Son más duras que un diamante — aclaró —. Ningún golpe, explosión o disparo, pueden astillarlas siquiera.
— Aunque es importante recalcar, querido «sobrino», que las gemas presentan distintos patrones en su talladura. Incluso me atrevería a decir que cambian — añadió Mersenne.
— Peeeeeero, tú no te preocupes, mijo — Edison volvió a acariciar el CPU, cariñoso —. Una vez que estés listo, el poder de las gemas palidecerá ante el tuyo — aseguró.
El lugar tuvo un breve silencio, hasta que una ligera risa de la cierva lo interrumpió.
— ¿Quién iba a decir que terminaría conversando con una inteligencia artificial? — preguntó Mersenne, para sí, haciendo reír a Edison.
— ¿Cómo ves a mi descendiente? — cuestionó el hermano a la cierva.
— Ya he mencionado mi opinión al respecto, aunque debo aceptar que hoy me sorprendió muchísimo — reconoció —. Gracias a esta plática, pude recordar cuando Fiodor logró aproximarse a la creación de una especie de radar que agregó a sus inventos — pausó, rememorando —. Aún así tuvo que recurrir a la triangulación y aproximación para lograrlo, por desgracia, todo se perdió después de su fallecimiento. Cada secreto, su tecnología, hasta sus instalaciones. Todo dejó de existir.
— No todo — interrumpió la voz de la IA desde las bocinas —. Si bien es cierto que no puedo replicar toda la tecnología de Fiodor, tengo suficiente conocimiento para replicar el radar que mencionas, tía Mersenne.
Los ciervos se miran entre sí, sorprendidos.
— Le di la poca información que quedó del alto mando — reveló Édison a su hermana — ¿Qué necesitas para el radar, mijo? — cuestionó el ciervo, girando a ver la pantalla.
— Desde que noté su predicamento, comencé a fabricar un radar con el acceso que tengo a las impresoras de circuitos y líneas de ensamblaje — expresó la voz de Preter —. Seguí las bases que usó Fiodor y he aplicado el fenómeno de resonancia tomando como referencia la frecuencia que emitieron sus gemas hace un momento. Solo habría que probar el radar con ustedes para ver que todo funcione bien — añadió —. He realizado simulaciones en segundo plano y, en teoría, todo debería funcionar.
Mersenne miraba el monitor, impresionada, casi con la boca abierta. Edison estaba igual, colocándose justo al lado de su hermana para observar con mejor panorama su creación.
— Quizá tenga limitaciones de aproximación y distancia — continuó la IA —, pero con suficientes pruebas y mayor tecnología, puedo hacer un detector que use la antena de los celulares de las personas para que funcionen como radares remotos y así ampliar el rango. Aunque antes, tendría que tener acceso a internet — consideró.
La propuesta no solo sorprendió a los hermanos, también los aterró.
— Limitémonos ahora al prototipo del radar, ya hablaremos después sobre conectarte a internet — recomendó Mersenne, Édison se esforzó por tragar saliva.
— ¿Cuánto tiempo necesitas para armar un prototipo, mijo? — preguntó el ciervo, esforzándose por no tartamudear.
— Ya está listo — mencionó la voz de Preter provocando una sensación de sorpresa incómoda a los hermanos.
La puerta se abrió de repente, asustando a los ciervos, dándose cuenta que, sin mayor peligro, era Pierrot entrando, algo confuso.
— Preter me pidió que trajera algo — expresó Pierrot, con duda, mostrando entre sus manos un dispositivo rectangular, parecido a un celular, emitiendo un pitido constante que incrementaba con forme se acercaba a los hermanos.
La pantalla del aparato mostraba dos puntos, las gemas de Edison y Mersenne, cercanas, ubicadas en el mismo lugar.
— Sería conveniente comenzar desde el último punto donde encontraron la última gema o donde se perdieron las restantes — sugirió la IA —. Eso ayudaría a tener un punto de partida y lograr encontrarlas — pausó, volviendo a hacer que entre los ciervos se miraran entre sí —. El radar aún necesita perfeccionarse, pero su alcance es de unos cinco kilómetros a la redonda para una lectura adecuada, quince para una aproximada y de treinta para una lectura posible — culminó.
Los hermanos no dejaban de verse a los ojos, mientras Pierrot, en silencio, notaba la tensión en ellos.
La IA había dado una posible respuesta a uno de los grandes problemas del alto mando, y no podía desaprovecharse.